World Pulse

join-banner-text

Un mensaje recibido a las 2 y 45 am



Y una conversación de trabajo pasadas las tres, me recordó que debo recordárselo a otros siempre…y que me lo debo recordar. Porque en nuestro mundo humano el amor, es la fuerza creadora más poderosa. Universal. Esa que te hace cosquillas por dentro. Y esa que es capaz de lograr lo que más deseas. Si pones tu intención en lo que sueñas, en lo que sientes, en lo que deseas. Porque el amor humano es esa energía creadora más poderosa que la misma gravedad de Newton. Porque el amor es atracción que se traduce en esa maravillosa energía que solo puede haber en la abundancia. Hay veces siento que de mi cuerpo se me va a salir tanto amor que siento cuando puedo placenteramente sentir que un árbol me ríe, que un grillito me observa, que un musgo pareciera llamarme…



Y yo los escucho, los observo, los veo, me detengo. Y así sé que cuando salgo de los bosques, esa energía que recibo, es ese amor que llevo a donde voy. En abundancia. Y puedo ver todo con amor. Y cuando no. Sé que debo regresar al bosque, al mar, al río, a abrazar un árbol amigo, a mis ballenas que me hacen soñarlas nadando con ellas…para regresar y comprobar que la naturaleza es abundante y que en ella no existe escasez de ningún tipo. De ninguna. La escasez no es natural. Por el contrario. Es lo mas antinatural que hay en nuestro planeta. Y negarlo sería como no tener ninguno de los sentidos. Y no querer ver, ni escuchar, ni sentir, ni tocar, ni oler. Porque la abundancia está por todas partes. Por donde veas. Por donde veo. Por donde camino. Por donde plácidamente recorro los bosques que amo desde niña y por donde mi piel siente que estoy viva, que soy energía, que soy eso que veo y eso de donde provengo.



La naturaleza es así. Abundante. En exceso. Hasta que me embriaga. Y en el mundo humano hay muchas razones para que todo esté alterado. Y entonces comience la escasez. Esa que no existe pero que nosotros mismos nos inventamos. Porque es mental. Está ahí en un lugar misterioso de nuestro cerebro y encontrarla y sacarla de nuestras vidas es una decisión. Así como el desamor. Porque no está en las cosas. Ni en las personas. Está en nosotros. Y es nuestra decisión abrir nuestros brazos para recibir. Eso que nos merecemos. Eso que deseamos. Eso que que naturalmente es nuestro. Eso que por el orden natural de las cosas existe en nuestro planeta y nos pertenece por haber sido polvo de estrellas…por haber sido Cosmos. Por ser parte del Universo.



Viví en negación durante muchos años. Muchos. Incontables. Por un gran dolor. Una pérdida. La más dolorosa. Y desde entonces y hasta hace poco rechazaba lo que ya tenía. Eso que me fue dado como devolución por compensación. Y así equilibrar esa balanza misteriosa y universal que todo lo puede. …Y que recibiera, que recibiéramos un poco de lo que nos habían quitado. Tan solo un poco…Pero por mas que quisiera, no era capaz. Y rechacé muchas cosas. Y las alejé de mi vida. Y así dejé de verlas y de sentirlas. Y la naturaleza en un acto recíproco comenzó a alejarlas de mi. Una y otra vez. Día a día. Noche a noche. Instante a instante. Y yo pensaba que estaba triunfando. Que estaba ganando. Cuando por el contrario. Lo estaba perdiendo todo…hasta que un llamado claro y certero me hizo reaccionar. Y tocar fondo.
Y a partir de ahí, comenzar a recibir conscientemente me ha tomado muchos segundos. Exactamente 32070132. Y me parece increíble que haya malgastado toda esa prosperidad mental tan solo por obedecerle a una negación basada en el dolor, en la perdida, en el desamor. Porque era como querer mantenerme en el borde del abismo todo el tiempo. Mirando hacia abajo. Caminando como en un acuerda floja por decisión propia. Con razón mi madre y mi hermano no entendían…pobres. Tranquilos yo tampoco podía hacerlo. Y era simplemente por el hecho de negar ese derecho vital y fundamental que es el amor y que se traduce en abundancia en todo lo que ves. Y aunque lo veía y lo sentía, en realidad no lo interiorizaba hasta ese rayito de mi corazón en donde habita mi alma.



Y hoy, nuevamente en una conversación con un espíritu joven con quien trabaja a las 245 am, yo levantándome y él acostándose, fue que recordé. Y desearía que todos comprendiéramos. Y desearía que la escasez se alejara de todos. Pero está en tu interior. Como todo. Como Dios. Como el amor. Como el desamor. Como la belleza. Como lo que te roza la piel y te hace sentir que estas vivo. Debes recordarte que todo está en ti. Y que así debe ser. Que así debes permanecer. Y que cuando no, entonces debes detenerte. Para serte fiel. Para honrarte y respetarte. Primero a ti. Luego a los demás. Porque somos naturaleza. Y debemos primero ser coherentes con nosotros mismos. Y así, encontrarnos y encontrar esa magia de la vida, y ese placer de rodearnos del milagro de ser parte de un poderoso universo. De una galaxia misteriosa y luminosa que se conecta con algo más grande que nuestra diminuta pequeñez.



Un mensaje recibido a las 2 y 45 me recordó que soy vida. Que puedo ser lo que quiera. Que voy a llegar lejos. Que alcanzaré mis sueños…porque allá afuera, están todas esas partículas diminutas que también me pertenecen y de las cuales soy parte y que cuando se encuentran, ellas brincan de alegría y nos hacen cosquillas. Porque somos una con ellas. Somos ellas. Y me derrito de emoción de saberme viva. Porque mi destello luminoso titila...

      • Latin America and the Caribbean
      Like this story?
      Join World Pulse now to read more inspiring stories and connect with women speaking out across the globe!
      Leave a supportive comment to encourage this author
      Tell your own story
      Explore more stories on topics you care about