Cerrando ciclos
May 28, 2019
story
Como nos cuesta. Porque nos desgarra la piel. Nos pone patas pa’ arriba. Y nos desbarata desde adentro. Y nos arrebata el aliento y nos agobia el espíritu. Y nos deja sometidos a una presión llena de externos y de procesos de otros que no nos permiten ver el nuestro. Lo nuestro. Nuestra piel. Nuestro cuerpo. Nuestras células. Nuestra verdad. Nuestro orden y nuestro centro. Todo se desbarata. Todo desaparece y va a otro lugar. A otros lugares. A otras vidas. A otros centros y pareciera que debemos hacer lo correcto por otros. Por miles de segundos de recuerdos. Por millones de instantes que ya no están. Por decisiones que ya nos desgastaron y que nos dejaron casi muertos.
Cerrando ciclos. Cómo nos dejas vida cuando nos exiges cerrar un ciclo. !Cómo coñooooooooo! Ya no es nisiquiera sin piel. Ya no es ni quiera sin centro. Floto en el centro del cosmos. Liviana. Y permito. Y suelto. Y libero lo poco que tenía. Y lo entrego sin miedo. Porque confío en el amor. Esa es mi religión, mi fuerza, mi verdad, mi única razón para estar aún en este plano. El amor. Esa fuerza creadora y poderosa que todo lo puede. Todo. Sin excepción. Todo. Ahí no hay nada más. Es él. Es ella. Es el amor como fuerza regeneradora que es al final la que se traduce en todo para la resiliencia. Bendita tú...
Y yo que pensaba que a mis 48 lo había visto todo. Jua. Cuánto me falta. La mitad. O más. Apenas estoy comenzando. Apenas. Nos falta la mitad de nuestras vidas cuando estamos por llegar a la mitad. Y me falta la mitad sin que cada una de mis células esté concentrada en la reproducción. Reproducir. Dar vida. Entregar. Entregarlo todo. Poner tu cuerpo a disposición de otros para que desde adentro nazca vida. Ese gran milagro de la vida que ya no consideramos tal. Pero que cuando lo puedes observar desde la distancia, comprendes que es el cosmos adentro de ti. Que en ti está todo el universo y todo lo necesario para que otro ser nazca. Otros. Y así esos espíritus, esas energías que conforman este misterioso e intrincado universo y otros, puedan encarnar en este plano y venir a enseñarnos nuestras más preciadas lecciones. Milagros. Como tú Elian que con tu llamada a las 1130 pm. me ratificaras con tus propias palabras, que es un milagro cuando un amigo de 14 años, te llama, aún cuando siempre tienes tu celular apagado y que en ese instante prendiste...para escuchar su voz, y decirte, \"seño Martha, la quiero. Gracias por lo que hace por mi\"...
Son nuestros hijos, nuestros padres, esas familias que al parecer no escogemos, pero que sí, las que nos cogen y nos dan esas lecciones de amor que pareciera que no quisiéramos aprender, pero que, o lo hacemos o no pasamos esos ciclos que nos hacen crecer. Son nuestras familias las que toman de nosotros lo mejor de nosotros y son capaces de sacar lo peor. Qué placer el que siento hoy en medio de este centro suelto, que tengo lo preciso para asirme de lo que más amo, de los que más amo. De los que más me aman. Qué placer leerte madre decirme que me cuide y que tú y mi hijo, mi semilla, me necesitan y me aman. No hay mayor placer. No lo hay. Imposible. Hice bien la tarea. El resto puede robarnos la piel y arrebatarnos el corazón, pero no puede superar el amor que siento por mi madre y por mi hijo. A ellos dos me debo. Con su amor y la energía que nos compone me siento completa. Y sus palabras de aliento son mejor que cualquier medicina. Porque cada palabra suya, sale del aliento de sus vidas. Vienen directo desde el centro de sus espíritus. Y yo puedo escucharlo. Puedo así reconocer su universo. Y saber que hacen parte del mío.
Quisiera regalarte ese placer. Quisiera que te acercaras a tu madre. Para que en ella hallaras eso que solo las madres podemos saber. Ahí no hay mas. No. Es imposible. Poseemos esas células madre que hoy usan para regenerar y que al tenerla viva, lo preciso es ir a su regazo para que sus células se comuniquen con las tuyas. Y te digan inclusive lo que no quieres escuchar. Lo que no puedes escuchar. Lo que no quieres...porque duele tanto que es mejor no ir, no hablarle, no verla...Cuánto sanamos oyendo lo que no queremos. Es más poderoso que todo aquello que crees poderoso. Contiene la información de miles de millones años de evolución. De miles de años de información contenida en un solo cuerpo. En uno solo. En ese que soy yo como madre y que por solo escuchar a mi hijo, vibro como nada más puede hacerlo.
Como la tuya y la de todos. Como la mía, que después de años de proceso, hoy puede ser mi amiga y mi madre. Puede ser abuela y puede ir lentamente al igual que todos caminando hacia el desprendimiento. Hacia ese que todos debemos ir. A ese a donde debemos dirigirnos para ser capaces de partir... Ese a donde debemos llegar hasta con nuestro propio espíritu. Hasta con nuestros propios hijos. Porque somos todos uno. Estamos interconectados misteriosamente. Y aunque nos neguemos a esa realidad, lo que me haces te lo haces, lo que me hago te lo hago.
Lo que no piensas bonito para mi es en realidad un pensamiento no bonito para ti. Así de simple. Así. Porque la vida es solo una. Y fuera de eso es una ilusión. O sea que lo que sientes no es verdad. Ni lo que yo. O sea que lo que pensaste que habías perdido en realidad no lo habías perdido. Porque simplemente ya estaba en otro lado. Y la vida se equilibra sola. La vida mueve su energía como nada más puede hacerlo. Porque ella lo hace a través del amor. Ese es el nombre humano para esa fuerza inexplicable que todo lo puede. Todo. Amor. Y cuando haces todo basado en el amor, nada ni nadie puede hacer nada en contra de tanta belleza. De tanta energía contenida en el aliento superior del amor. Ni todas las medicinas ancestrales. Ninguna. Porque el amor es la mayor medicina que hay. Es lo único capaz literal de mover montañas. De hacerte \"hacer\" todas las corduras. Y valga la redundancia. Pero esas que son libres. Esas que no están atadas a través del apego ni de la disfuncionalidad de tu propia vida. Que no está unida através del ego ni de nada que no te haga ser un mejor ser humano. Uno mejor que cuando llegaste. Uno mejor que cuando todo esto empezó. Uno mejor para ti...Uno mejor que cuando tu vida adentro del vientre de tu propia madre empezó.
Cerrando ciclos. De eso se trata. Cada vida. Cada instante. Cada relación. Cada momento. Porque cada cosa que hacemos tiene un principio y un fin. Y saber cuándo es su tiempo, es de lo más difícil. Porque el tiempo no existe. Solo existe el espacio. Entonces toca comprender entre ese espacio, cuándo es que algo llega a su fin. Para poder soltarlo adecuadamente sin que eso implique desgarrarnos el espíritu. Arrancarnos la piel. Voltearnos el ombligo y dejar los pies en la cabeza y la cabeza en los pies. Porque al final. Cada cosa tiene su espacio. Tiene su centro y cuando todo se sale de su centro es que estamos en el camino que no es correcto. En el camino que no nos conducirá a ser esos seres humanos que harán de nuestra especie una mejor. Una nueva. Siempre. A cada instante. A cada cronón. Y no tiene fin lo que no puede tener principio. Porque a excepción de lo que es verdadero en nuestro espíritu, todo es una ilusión. Y solo la ternura del amor logra desvanecer a las ilusiones. Porque eso son. Ilusiones. Si basas toda tu vida en ellas. Llega el día que tocas fondo y no sabes a dónde es el norte y el sur. A dónde queda el oriente y el occidente. Y tienes que apelar a que otros te digan a dónde es. Pero ellos te lo dicen basados en sus propias experiencias y no en las tuyas...en las que tú llevas por dentro. Y puede, que a donde ellos te digan que debes ir, es justo de vuelta a donde no quieres regresar. Allí en donde no reside la libertad. Allí donde lo oculto hace de las suyas. Allí donde no habita la claridad y la transparencia del amor sereno. Allí…y ese lugar todos lo conocemos bien. A él, nunca quiero regresar. Y no quisiera que nadie regresara. Porque de él nada bueno sale. La creatividad que es la forma de expresión más poderosa del amor que contenemos, queda atrapada y sin salida.
Cerrando ciclos. Cómo nos cuesta. Pareciera que no somos capaces. Pero si lo somos. Así nuestro cuerpo nos diga lo contrario. Esa llama divina que somos, lo sabe todo. Lo puede todo. Lo contiene todo. Lo hace todo. Nada puede con ella. Nada. Su fuerza creadora me permite hoy cerrando mi ciclo reproductivo ser más productiva que en cualquier otro momento de mi historia como ser en esta vida. Produzco a millón. Produzco vida a mi alrededor y quienes me rodean abrumados tanto como yo, saben que es verdad. Saben que hay algo que habita en mi que me hace en estos momentos, producir increíblemente palabras, instantes, belleza, sueños, anhelos. Y lo hago todo basada en el amor. Y lo entrego todo. Sin temor. Sin un solo asomo de miedo. Ni uno solo.
Porque estoy cerrando ciclos basada en ti amor. Porque soy amor. Somos amor. Todos. Y te entrego todo lo que siento y que ayer no sabía donde poner... Ya sé. !Qué hermosura! Lo pongo en ti amor. Te lo devuelvo. Te lo entrego. Para que así mi fuerza creadora no pierda eso que es. Para que quienes me rodean no sientan que mi centro no estaba anclado en el centro de mi espíritu. Porque si lo está. Está más en el centro que cualquier otra vez en mi vida. Está en toda la mitad de mi vida y la tuya. Y eso me da el poder de saber quien soy. De reconocerme y de saberme creadora de mi propia vida. De mi propia verdad y de mi propia belleza. De lo que soy y seré por siempre. De lo que hago a la velocidad absurda, para un mundo en donde el frenesí todo lo pone en corto circuito. Todo.
Porque no le permite a los espíritus construir basados en el amor sino en el miedo. Y ahí no hay nada. Solo el vacío. El miedo a perderlo todo. El miedo a no tener. A no poseer. A no estar. A no ser. A no permanecer. Miedo. Una y otra vez. Ese es el que nos produce esa sensación desgarradora en el cuerpo. Es él. No el amor. Estamos confundidos. En el amor solo hay plenitud. Solo hay paz. No hay desasosiego. No. Cuando sentimos eso. Cuando nuestro cuerpo nos habla con esas oleadas que no podemos explicar, es el miedo que se apodera de nosotros. No el amor. El amor no nos habla así. Porque él es amor y nos habla dulcemente. Nos susurra palabras que recordaremos siempre no marawat. Siempre…porque el amor es verdad. Y la verdad sostiene lo que sea.
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